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| Aimara Aymar aru / Jaqi aru |
|
|---|---|
| Hablado en | |
| Región | Andes centrales |
| Hablantes | 2,2 millones |
| Puesto | 120o (Ethnologue, 1996) |
| Familia | Lenguas aimaras |
| Estatus oficial | |
| Oficial en | |
| Regulado por | No está regulado |
| Códigos | |
| ISO 639-1 | ay |
| ISO 639-2 | aym |
| ISO 639-3 | aym |
![]() Extensión del aimara |
|
El aimara,[1] (Aimara:aymara
pronunciación (?·i) [aj.ˈma.ɾa]) a veces escrito como aymara,[2] es la principal lengua perteneciente a la familia lingüística del mismo nombre. Este idioma es hablado en diversas variantes, por el pueblo aimara en Bolivia (donde es una de las lenguas amerindias mayoritarias),[3] en el Perú, Chile y Argentina. El idioma es cooficial en Bolivia[4] y en el Perú[5] junto con el español.[6] Constituye la primera lengua de un tercio de la población de Bolivia y es el principal idioma amerindio del sur peruano y el norte chileno.[7] La UNESCO considera que este idioma se encuentra en situación "vulnerable" de cara a su supervivencia futura.[8]
En el Perú subsiste una lengua de la familia aimara llamada kawki, o jaqaru, con dos variedades dialectales, la de Tupe, conocida usualmente como jacaru, y la de Cachuy, conocida como cauqui o kawki. Ambas localidades son distritos de la (provincia de Yauyos, Lima). Según últimos cálculos, esta lengua en sus dos variedades, es hablada por no más de 800 personas.
Contenido |
Procede de los Andes centrales, en la serranía central del Perú. Se fue extendiendo hacia el sur como lingua franca, y fue adoptada como lengua materna por los pueblos de la cultura Wari. Hacia el Intermedio Tardío fue reemplazada por el quechua desde la costa hasta el Cuzco y alrededores aunque fue ampliamente hablada desde Arequipa, Perú hasta el Poopó, Bolivia; a la llegada de los conquistadores españoles.
Esta lengua fue estudiada por primera vez por el jesuita italiano Ludovico Bertonio a finales del siglo XVI. Mientras se encontraba como misionero en Juli (Chucuito, Puno), realizó la primera transcripción fonética de esta lengua utilizando caracteres latinos, aunque tiene demasiadas imprecisiones debibo a las faltas de correspondencia fonética. Ellen Ross es la primera lingüista moderna que realiza un estudio a fondo en 1963. No obstante los trabajos más importantes han sido realizados por la Escuela de Florida en la década de 1960 con Marta J. Hardman a la cabeza.
Existe un Instituto de la Lengua y la Cultura Aimara (ILCA), fundado en 1972 por Juan de Dios Yapita, uno de los lingüistas de la escuela de Florida y diseñador de un importante alfabeto aimara.
La etimología original del glotónimo «aimara» se encuentra dentro de lo especulativo, aunque se sabe que proviene de un etnónimo originario de la región del Cusco.
Los documentos tempranos de la colonia no dan nombre propio al idioma, refiriéndose a él los cronistas Cieza de León y Pedro Pizarro como «lengua del Collao» y «lengua de los collas» respectivamente.[9] En 1559, el licenciado Juan Polo de Ondegardo, a la sazón corregidor del Cusco, escribe la relación De los Errores y Supersticiones de los Indios tras haber convocado una junta de «indios viejos que habían quedado» (de la época inca) que le sirvieron de informadores.[10] Por este medio, Ondegardo tuvo conocimiento de un grupo de mitimaes (una etnia desplazada por el estado) que era originario de la región cusqueña y que, en última instancia, había acabado asimilando el habla aimaraica de su nuevo entorno.[11] Tomando la parte por el todo, se empezó a usar el nombre de la etnia trasplantada como nombre de todo el idioma, de manera que en las publicaciones producidas por el III Concilio Limense (1584-85), que incorporan también un extracto de la mencionada obra de Ondegardo,[10] aparece por primera vez la palabra «aymara» explícitamente aplicada a la lengua.[9] [12] El uso predomina y se hace común con el tiempo, de modo que en 1612, la publicación del Vocabulario de la lengua aymara de Ludovico Bertonio se limita a confirmar en su título un nombre ya establecido.
La zona de dominio lingüístico de la lengua aimara se vertebra en los Andes centrales en torno al núcleo geográfico que constituye la meseta del Collao y áreas adyacentes. El área central del hinterland aimara está contenida en los departamentos de La Paz y Oruro, en Bolivia, con presencia también en el norte del departamento de Potosí y extensiones marginales hacia los departamentos de Cochabamba y Chuquisaca. En Chile, las zonas de altura del Norte Grande que tienen continuidad geográfica con la altiplanicie boliviana del Collao en las regiones I y XV pertenecen a la zona de aimarofonía. En el Perú, es la zona ribereña del lago Titicaca, en la región de Puno y fronteriza con Bolivia, la que alberga las mayores poblaciones aimaras del país, dándose también presencia aimarista en las zonas altas de de las regiones de Moquegua y Tacna.
Curiosamente, lejos de la percepción popular, la aimarofonía no es un fenómeno exclusivo de las comunidades que habitan las riberas del Titicaca, ni de los páramos andinos, sino que se extiende hasta zonas tan al sur como el salar de Uyuni (Bolivia), tan al oeste como el valle templado del río Carumas (Perú), o tan al este como las zonas de colonización de clima cálido de los Yungas bolivianos.
En un proceso bastante corriente y compartido con una gran cantidad de otras lenguas alrededor del mundo, los movimientos migratorios en masa (especialmente el éxodo rural, iniciado en el siglo XX) han llevado a hablantes de este idioma a zonas que no pertenecen al dominio lingüístico aimara. Así se pueden encontrar contingentes significativos de aimaristas en ciudades como Juliaca, Lima, Arica, Oruro, Cochabamba, etc. Las migraciones bolivianas también han desplazado hablantes a zonas metropolitanas de Argentina o Brasil, en primer término y, en general, a todos los destinos corrientes de la emigración latinoamericana.
La Constitución de 2009 de Bolivia reconoce además de al castellano como idiomas oficiales al aimara y otras lenguas.[4] La Constitución de 1993 de Perú estableció la cooficialidad del aimara en este país, junto a otras lenguas.[5] La legislación chilena no confiere nada similar a la oficialidad para esta lengua, si bien la Ley Indígena Nº 19.253 de 1993 articula algunas disposiciones encuadradas bajo la lógica del "Respeto y Protección de las culturas indígenas".[15]
Dentro de la categorización de la morfología tipológica clásica de las lenguas; que las clasifica en fusionantes, aglutinantes y aislantes, el aimara es de tipo aglutinante. Además comparte la mayor parte de los rasgos típicos del área lingüística andina. Entre estas características destaca la de usar exclusivamente sufijos, tener un orden básico SOV y usar postposiciones. Algunas características notorias del aymara son:
El idioma aymara utiliza ampliamente sus recursos gramaticales y es muy valorado, dentro de su cultura, la utilización diestra del idioma, el uso diestro consiste en acatar las normas de respeto y cortesía construyendo juegos de palabras y figuras de dicción muy elaboradas. En cambio, el hablar mal induce sanciones negativas. El hablar mal consiste en el uso de oraciones cortas con un mínimo de formas morfológicas y sintácticas; brusca y secamente, sin prestar atención a lo que otros dicen. La sanción generalmente es el silencio, aunque el silencio también puede ser señal de cortesía hacia la persona que habla. (El difundido concepto del aymara como una persona estoica y silenciosa resulta en gran parte de su manejo del silencio como sanción negativa.[16]
Como el quechua y el árabe clásicos, el aimara usa sólo tres vocales (a, i, u), sin embargo presenta alargamientos vocálicos, los cuales se representan con una diéresis [ ¨ ] sobre la vocal. Así que se usan 6 grafías vocálicas: a, ä, i, ï, u, ü. Cabe mencionar también el cambio que se produce en las vocales i y u en /e/ y /o/, respectivamente, frente a una consonante uvular (q, q', qh, x). No tiene diptongos, sino que usa semivocales (w, y).
El aimara considera 16 consonantes, si bien las oclusivas pueden ampliarse, y así se cuentan 26:
| Labial | Alveolar | Palatal | Velar | Uvular | ||||||
|---|---|---|---|---|---|---|---|---|---|---|
| oclusiva simple | p | p | t | t | č | ch | k | k | qʔ | q |
| oclusiva aspirada | ph | ph | th | th | čh | chh | kh | kh | qh | qh |
| oclusiva glotalizada | pʔ | p' | tʔ | t' | čʔ | ch' | kʔ | k' | qʔ | q' |
| fricativa | s | s | x | j | χ | x | ||||
| nasal | m | m | n | n | ñ | ñ | ||||
| aproximante lateral | l | l | ʎ | ll | ||||||
| aproximante | w | w | r | r | y | y | ||||
En el caso de las consonantes oclusivas, no existen consonantes como b, d o g. Sin embargo, hay tres formas de consonantes oclusivas: simples, glotizadas y aspiradas.
La morfofonémica aymara es una de las áreas más complejas e importantes de la estructura gramatical del idioma; las variaciones morfofonémicas están más ligadas a la morfología y la sintaxis del idioma que a la fonología. El aspecto morfofonémico más predominante en el idioma aymara es la supresión o retención de vocales. Por ejemplo si se comparara las formas afirmativas del verbo ala-ña 'comprar':
Con las formas interrogativas:
Se aprecia que algunas de las "a" marcadas como superíndices /a/ son elidibles ante ciertos sufijos. Así aunque en estos casos tanto la marca de primera persona como la de segunda persona se realizan fonética como [-ta], en el caso de la marca de primera persona /-ta/ la "a" es elidible frente al sufijo /-ti/, mientras que la marca de segunda persona /-ta/ no lo es. en algunas palabras se pueden concatenar sufijos cada uno de los cuales causa la caída de una vocal del sufijo precedente ocasionando grupos consonánticos complicados, como en el siguiene ejemplo con 5 consonantes seguidas:
La alternancia morfofonémica en aymara está condicionada morfológica y sintácticamente. Dentro de las palabras, el condicionamiento morfológico predomina sobre el condicionamiento fonológico, que es casi inexistente. Todos los morfemas en aymara, con sólo dos o tres excepciones, terminan en vocal. Estas vocales se retienen o se suprimen de acuerdo al ambiente morfológico circundante y/o a requerimientos morfosintácticos (en los ejemplos tratados aquí marcamos como superíndice las vocales suprimibles). La mayor parte de la alternación condicionada morfológicamente se realiza a través de influencia regresiva, aunque también hay algo de influencia progresiva. El sufijo en aymara que muestra influencia morfofonémica regresiva hace retener o suprimir la vocal final del morfema precedente.
Emplea el alfabeto latino, incluyendo la ñ, los dígrafos ch y ll como en español, además de dígrafos para las oclusivas aspiradas ph, th, kh. Además la africada postalveolar aspirada se señala mediante el trígrafo chh. El apóstrofe se emplea para señalar las oclusivas glotalizadas p', t', k' .
En las vocales se emplea la diéresis ( ¨ ) para señalar las vocales largas así ä, ï, ü designan a los fonemas /ā, ī, ū/ (=AFI /aː, iː, uː/). Sus grafías (salvo la u, i) son invariables.
Un hecho interesante del aimara es que en los pronombres tanto las formas de singular como las de plural tienen cuatro formas o "personas" gramaticales. Aunque dicha situación no es bastante común en el plural de muchas lenguas que tienen distinciones de clusividad, es bastante excepcional encontrar lenguas que tengan distinciones de clusividad en las formas formalemente de singular:
| singular | plural | Forma posesiva |
Nombre tradicional | |
|---|---|---|---|---|
| [+ hablante][- oyente] | Naya | Na(ya)naka | -ja | primera exclusiva |
| [+ hablante][+ oyente] | Jiwasa | Jiwasanaka | -sa | (primera inclusiva) |
| [- hablante][+ oyente] | Juma | Jumanaka | -ma | segunda |
| [- hablante][- oyente] | Jupa | Jupanaka | -pa | tercera |
En este sistema de cuatro personas debe tenerse en cuenta que:
En el plural este sistema añade el sufijo -naka, resultando cuatro formas adicionales:
Estas cuatro personas son ampliamente utilizadas en todo el sistema morfológico aymara.
Particularmente destaca la importancia que tiene la segunda persona (destinatario), pues es la persona que se expresa más frecuentemente en comparación con la tercera persona (hablante y destinatario excluidos). Es muy usual que en una conversación se indique la relación de la segunda persona con el asunto del que se habla mencionando usualmente al destinatario específica y cortésmente con el uso de redundancias sintácticas comprensibles en la segunda persona, pero absurdas en la tercera persona.
La cultura aymara siempre da una gran importancia a la segunda persona evitando darle mandatos, reconociendo su presencia y anticipando sus deseos.[17]
En aymara, existe la categoría gramatical de evidencialidad, lo cual significa que el hablante usa ciertos afijos para marcar si lo expresado por el verbo procede de conocimiento personal directo o porque lo conoce de manera indirecta (por haberlo oído o porque alguien se lo ha dicho). Esto quiere decir que todo lo que el aymara hablante dice y sabe por sus propios sentidos se expresa de una forma gramatical, y lo que el aymara hablante conoce por fuentes externas (porque se lo han dicho, inferido, adivinado o leído) se expresa por otras formas gramaticales. En aymara, esta distinción gramatical entre el conocimiento personal y el no personal es totalmente natural y debe expresarse de manera obligatoria, por lo que la omisión de las marcas epistémicas resulta en una oración agramatical. Dicha característica hace que los hablantes de aymara transfieran al español andino dicha caracterítica, ya que no expresar si algo procede de conocimiento directo o indirecto les parece extraña. El español andino de los aymarahablantes requiere el uso de "pues", "nomás", "quizás", "seguro", "siempre" y otros adverbios, que no hacen otra cosa que reflejar las distinciones hechas naturalmente en aymara. En otros casos asignan ciertas flexiones verbales como por ejemplo la forma del futuro:
El futuro suele usarse en situaciones de duda, mientra que con ir a implica una promesa.
En el aymara no hay correspondencia con el pluscuamperfecto castellano, y éste generalmente se asigna para expresar el conocimiento no-personal, dejando el pretérito para expresar el conocimiento personal. Un aymara hablante que aprende inglés y escucha la oración:
Entiende que el hablante conoció a ambas personas y que vio que Bertonio enseñaba a Yapita. En cambio si el hablante no los conocía, el aymara esperaría escuchar mas bien.
Los pronombres aymaras se dividen en exclusivamente humanos y no-humanos. También existen los pronombres de la categoría no-manifiesta.
En el caso de los verbos, las raíces pueden ser humanas o no-humanas sin ninguna marca, para humanizar al sujeto del verbo se añade el sufijo causativo –ya- También existen verbos que pueden ser humanos en el sujeto pero no-humanos en su complemento.
Los aymaras que se dirigen al oyente en términos no-humanos lo ofenden, más aún si lo hace con pronombres demostrativos.[19]
El idioma aymara concibe el tiempo como ubicado en el espacio. Al contrario de los postulados lingüísticos indoeuropeos, el futuro está detrás de uno pues todavía no se ve, en tanto que el presente y el pasado están delante de uno pues ya se ha visto y se ve. De aquí nace la primera división de tiempos en el aymara: el futuro y el no-futuro, el presente y el pasado no se separan obligatoriamente; en cambio en las lenguas indoeuropeas la separación se da entre el pasado y el no-pasado, estando el futuro visible.[19]
El idioma aymara también se caracteriza por ser explícito respecto al movimiento, tanto verbalmente como nominalmente.
Los verbos del idioma aymara definen claramente la relación del movimiento definiendo la configuración y la conformación de lo llevado. Por ejemplo no se pueden mover objetos granulares con el mismo verbo con el que se mueven objetos cilíndricos. El movimiento está siempre presente y sólo se detiene con el uso de ciertos sufijos. En el idioma aymara un verbo sin sufijos derivacionales que marquen el movimiento dejan al oyente con la información incompleta.[19]
El aymara define la mayoría de las relaciones gramaticales mediante la morfología más que la sintaxis. Las clases morfológicas básicas son raíces y sufijos. La gran mayoría de morfemas acaban en vocal, aunque las reglas morfofonémicas de supresión de vocales pueden dar lugar a largas series de consonantes.
Las raíces son morfemas simples que ocurren en posición inicial de palabra. Son de cuatro clases: partículas, raíces nominales, verbos e interrogativos. Las raíces nominales y las partículas son libres. Las raíces nominales además se divien en ciertas subclases. Los sufijos que pueden ser derivativos o flexivos incluyen sufijos verbales (flexionales y derivacionales), sufijos nominales y sufijos evidenciales o de información (-ti, -wa, ...). Los sufijos verbales derivacionales son parte del genio de la lengua aymara; mucho del juego de palabras, estilo y destreza del hablante se evidencian por el uso de esta clase. Para que los troncos verbales funcionen como verbos se requiere de sufijos flexionales verbales, los cuales indican persona (con paradigmas de nueve sufijos en cada tiempo verbal) y tiempo (con modo y fuente de datos, además de tiempo propiamente dicho). Entre las partículas están las postposiciones y en cierto modo algunos morfemas similares a los sufijos evidenciales.
Los sufijos nominales actúan sobre el sustantivo al cual se unen, o indican una relación sintáctica entre el sustantivo y el verbo. Los sufijos que forman temas hacen verbos de los sustantivos y sustantivos de los verbos. Su uso es frecuente; son comunes muchas alteraciones temáticas en una sola palabra.
El uso de los sufijos oracionales define la oración aymara. Los sufijos oracionales pueden aparecer con todas las clases de raíces. No van seguidos de otros sufijos (eso sugiere que técnicamente podrían ser clíticos, concretamente enclíticos en lugar de auténticos sufijos).
Cada oración debe estar marcada por uno o más sufijos oracionales, los cuales sirven para definir el tipo de oración, o puede estar marcada por la supresión de un sufijo oracional dado. Una oración no requiere de verbo ni de nominal, pero sí requiere de los sufijos oracionales apropiados. Varias combinaciones de sufijos oracionales definen la oración declarativa, la oración interrogativa sí/no, la oración interrogativa de información. También marcan listas, alternativas, expresiones de sorpresa, la conjunción de oraciones, etc. El aymara no tiene verbo “cópula” como el verbo ser en castellano; la relación o la identidad se indica por medio de sufijos oracionales. El orden de palabras como tal tiene menos importancia en aymara que la morfología, sobre todo en vista de que la oración se define morfológicamente mediante los sufijos oracionales.
En el aimara moderno existe un importante número de préstamos del español, especialmente para animales que no existían en América antes de la llegada de los europeos, para objetos de la cultura europea y par anombres propios:
También existe un buen número de préstamos de quechua y un conjunto de palabras comunes a las dos lenguas en las que no es posible determinar cual fue la lengua origen del préstamo y cual la que lo tomó prestado.
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